El Baobab



El Baobab es mágico, acerca de este árbol se narran leyendas y mitos africanos, es el confidente secreto e íntimo del cantor, del historiador, del griots, por eso sólo ellos y los marabús tienen el honor de vivir en el interior de su tronco, haciéndolos su morada, de igual forma ellos tienen la distinción de ser enterrados contiguo al magnífico árbol. De tal manera estos colosos son considerados los guardianes de la memoria y de los cuentos bonitos, de esas historias maravillosas de África, el continente sabio y abuelo. Se dice que si el corazón del caminante o viajero es noble, al poner su oído en un tronco de baobab podría escuchar las cantilenas leyendas más antiguas que los griots hayan guardado en sus almas como un depsito milenario, porque su espíritu bardo yace en sus raíces, recitando floridas palabras, bellos resabios y quimeras magas, a través de piropos secretos; por eso se dice que por medio de los baobabs se sabe del más profundo conocimiento de la señora de todas las cosas y de todos los seres, la Madre Tierra.
Hay un cuento que narra uno de los secretos más ancestrales de la humanidad, afirmando que cada elefante que muere de viejo en el Sahel deja una semilla y al brotar ésta surge un baobab del suelo árido, y que la fuerza del espíritu del paquidermo hace que el árbol siempre crezca fastuoso, regio y longevo. Por eso cuando se caza o mata por mero pasatiempo a un elefante deja de nacer uno de estos árboles míticos.
Hay otra leyenda que cuenta que hace miles y miles de años los baobabs tenían flores hermosas de olores exquisitos y eran aun más altos y frondosos de lo que son ahora, entonces los dioses al verlos tan magníficos decidieron regalarles la longevidad milenaria para que perpetuara su obra divina. Pero el árbol al verse de gran porte, bello y fragante se hizo vanidoso; e incluso, quiso llegar tan alto hasta donde estaban los mismos dioses. Al ver su arrogancia estos se enfurecieron tomándolo del tronco y arrancándolo de un solo jalón,  sin embargo, a última hora no quisieron destruirlo y borrarlo de la faz de la tierra, por lo tanto, lo volvieron a enterrar para que viviera pero lo hicieron al revés, para que no olvidara su lección, por eso su peculiar forma del tronco y sus ramas.
En el país de Dogón las mujeres buscan dar a luz al pie de uno de estos árboles para que sus hijos sean fuertes y resistentes, o en su defecto a los bebes recién nacidos les bañan con agua mezclada con trozos de baobab. En otros lugares se dice que si una persona bebe agua con semillas de baobab queda protegido del ataque de los cocodrilos, pero si osa de arrancarle una flor morirá devorado por un león, pues en ellas residen los espíritus de estos felinos.

Es un árbol mágico pero también provee alimentos, es medicinal y puede servir de morada para los viajeros, es agraciado y pictórico a la vez, de su corteza obtienen una fibra con la que hacen cuerdas resistentes para los quehaceres de la gente.
De su fruto hervido se obtiene una salsa y sus hojas cosidas son comestibles, sus brotes también son culinarios tal cual fuesen espárragos. Además de sus semillas y fruto en general se obtienen cantidad de medicinas y suplementos, que en resumidas cuentas hacen más longeva la vida y estimulan con energía el carácter de las personas. De su corteza se hacen infusiones que sirven para disminuir la fiebre de los enfermos.
La gente suele dejar ofrendas y comida al pie de su tronco, porque según las creencias de esa forma se tributa a los espíritus que moran en el exuberante baobab.
Se sabe que es milenario, siendo el silente testigo del vaivén de la humanidad, de tal razón no fue extraño para Thabo entender y dar crédito a la visión profética de su destino, pues es conocida en la tradición popular que a través de estos árboles la tierra se comunica con las personas transmitiéndoles sabidurías.

Fragmento del episodio I “Marfil Negro”, de la saga “El Marabú”.Obra en proceso.

NOTA DEL AUTOR: ¿Cómo es que llego a escribir de un árbol de culto africano, “el baobab”? Confluyendo como parte importante de nuestra identidad americana. Ahorita les cuento:

Nuestra intelectualidad, academia y educación es euro-centrista, y hasta hace pocos años hemos logramos dilucidar la necesidad de visibilizar nuestra pertenencia originaria meso-americana; pero qué hay de nuestra tercera raíz, la  africana.
La dignificación de nuestras afro descendencias va más allá de la reivindicación histórica cultural que podamos hacer del barco negrero, del cimarronaje o del vudú, de la lectura de las caracolas, de la santería o de la religión del Ifá.
Esta breve narración de “El baobab” es otro fragmento de nuestra identidad, la africana, es hasta cierto punto un complejo ensayo cultural de una pertenencia oculta por el afán euro-centrista que nos han inculcado. En apoyo a esto les comparto esta corta ponencia que les dejo de Enrique Dussel; filósofo, historiador y teólogo argentino, ex rector de la Universidad Autónoma de México, les dejo aquí el enlace: Descolonización de la cultural.