Ojo de venado

Estas son historias extraídas del vox populi, narraciones individuales y tropicales, directas o no, entrelazadas unas con otras formando una historia, quizás una novela, pero sí y sólo sí, una trenza que hilvana sus hebras y nos lleva a una enseñanza mutua que con gusto tenemos que compartir y dirimir, haciendo de las letras un gusto del leer, tan bueno y reanimador como un café bien hecho, en prensa y de grano de estricta altura, al tueste exacto y servido justo cuando aun lleva la espuma resplandeciente de color amarillo, blanco, marrón y algunos destellos torna rojos.

Por eso, esta narrativa urbana, de guerra, de migración, de injusticias, de amor y sobre todo de verdades, nos hace ser humanos, siendo una semilla sobre el almacigo de la realidad, buena y mala, sin tapujos pero sabiéndola entender, sin obviar nuestros errores para conocerlos bien y no querer volverlos a cometer.

El ojo de venado más que una semilla o amuleto es un símbolo de protección, de amistad y sobre todo de fe. La narrativa nos lleva a lo largo de las tierras americanas a conocer más nuestra cultura, el habla, nuestras creencias y sobre todo es un ícono de esperanza social y de evolución, por un acto consiente de humanidad y de desarrollo a la vez, el sencillo deseo de compartir y obsequiar, entre amigos y enemigos, socios y competencia, rojos y azules, un ojo de venado, sin duda, gracias a esa acción el mundo sería mejor.

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