Fragmento: Del Amor.

el amorUnos llegaban y al poco rato se iban; otros se quedaban algo más, pero finalmente también acababan yéndose. Siempre la esperé sin conocer a ciencia cierta en qué forma llegaría: me quedé en espera de lo desconocido al borde de la inexistencia, sin ver más allá. Y un día, ahí estaba.

Yo no supe de su llegada, solo arribó; estaba sentada, reía y callaba, pensativa, y de nuevo desaparecía. Sin embargo, la veía en el reflejo de las cosas, en el aire tibio de abril y en las noches solitarias de estrellas australes; la veía en la bohemia exquisita de las noches jóvenes ebrias de cantos de chicharras y grillos.

Todos la veían y disimulaban sus expectativas, esperaban algo y trataban de encadenarla con sus miradas, mas no sabían que ella no esperaba nada, solo vivía intensamente cada momento, cada paso, suspiro por suspiro. Entonces me di cuenta de que estaba justo ahí, y, sin saber qué hacer, comencé a aprender de ella, a no esperar nada a cambio, a solo ser lo que se es y vivir lo que se vive jugando las cartas del momento.

 

Pero fugazmente, sin saber yo mismo, la ataba y robaba su esencia bajo las sombras del ego. Es tan difícil ver los errores de uno mismo que decidí cerrar los ojos para no verla, para no limitarla, y finalmente, para que no se fuera corriendo como una risa de riachuelo de bosque de montaña de aguas zarcas recién brotadas del ojo de una roca. Estuve temeroso como niño, resignado a lo que sucediera, en espera no solamente de ella, sino de todo lo que consigo fuera: el amanecer que tanto anhelé, la libertad corriendo por las venas, el desborde de fe que inunde la melancolía. Mojé mis labios en ella y descansé en su eco de caracol infinito.

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