Fragmento: del trópico…

tropicoPero, más allá de la muerte y la vida, el viento continúa su camino en perenne movimiento, como las espumas del mar, siempre existiendo. Con suerte, aquel aliento frío del norte se encontrará por fin en un cauce liviano, convertido, después de tanto recorrer diferentes horizontes, en brisa tropical de abril que baja y besa las montañas, entre acacias, helechos, bálsamos, orquídeas y begonias, y se desliza por las quebradas húmedas donde espera sigiloso el torogoz, alguna manada de xaras y diminutas mariposas blancas revoloteando con el viento en los pastos inclinados de hojas de centavos.

Y abajo, con olor a caimito, el río corriendo con su sonido de perpetua risa natural, serpenteando entre peñas, cuencas y riberas donde habita el chimbolo que lucha contra la corriente, el camarón encuevado entre las piedras, la rana agazapada en los lirios, la salamandra disfrazándose entre los juncales, el zancudo danzando sobre las aguas empozadas más pacientes y el coral, verdugo de los inocentes. Todo en la audición sinfónica de las aves, el río y el viento que viaja solo por viajar sin detenerse ningún momento a descansar y pasa cantando sus ancestrales e infinitos caminos donde se hace como una ensenada para mostrar estos extraños parajes.

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