Las adicciones y los daños colaterales

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Lo que surge como una búsqueda de felicidad termina siendo para el consumidor de drogas un infierno, echando a perder vidas enteras.

Las adicciones a sustancias pasan de forma paulatina a ser, de un hábito a una enfermedad, la cual tiene por característica que afecta no solo a la persona que consume, sino, que causa grandes malestares a la gente más cercana a él o ella.

No obstante, si alguien de tu entorno consume drogas especialmente duras, de esas que deterioran los valores, el espíritu, el cuerpo y la economía, sin duda esa enfermedad te afecta indirectamente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de sustancias es una enfermedad que no solo afecta al que hace uso de ellas, sino, a la familia y demás seres queridos.

Pero, ¿Por qué alguien se engancha en el mundo de las drogas? Esa quizás es la pregunta del millón.

Mucho tiene que ver el ego de una persona, de creer que siempre se puede tener el control de jugar con fuego y no quemarse, o bien, de caminar bajo un chaparrón y no mojarse. Eso hace que el individuo explore en un mundo donde según él la felicidad es exclusiva, dependiendo de quien puede tener el dinero, los contactos, “la osadía” y los recursos para comprar “la alegría”.

Si el cuerpo acepta la sustancia y dispara los niveles de dopamina, y se siente la felicidad por borbotones activando los neurotransmisores al máximo, comienza de esa forma el ciclo de la adicción, cuando por el consumo habitual (la mente y el cuerpo) no logran alcanzar la felicidad plena si no es que se utiliza la sustancia, nace ahí la dependencia.

Cuando una persona es adicta el salir de esa dependencia es difícil, pero fácil a la vez. Es decir, solamente se necesita tomar una decisión férrea y consciente de querer dejar de consumir la sustancia.

Aunque les soy sincero, se oye fácil la solución, pero es tan difícil llegar a esa decisión que si no se tiene una dosis fuerte de humildad jamás podrá dar (el adicto) un primer paso para salir de la enfermedad.

Humildad para aceptar que uno sólo no puede. Humildad para aceptar que uno es el problema y no los demás. Humildad para postrarse ante Dios y pedirle fuerza para dejar de depender de tal o cual droga.

Un narcisista, una persona que se vea a sí mismo omnipotente y superior a los demás, la tiene difícil ante una enfermedad como ésta ya que la humildad no es su fuerte.

Algunas frases que se suelen escuchar de un adicto:

“Yo controlo a la sustancia no la sustancia a mí”.

“Mi consumo de la sustancia es problema mío, por lo tanto, no se metan en mi vida”.

“El problema es de fulano o mengano que sobredimensiona esta situación, yo soy una víctima”.

Un adicto es especialista en crear un escenario para victimizarse y justificar su consumo.

Si una persona decide no salirse del consumo de una sustancia el final es siempre el mismo, una ruta que pasa por la cárcel, la violencia, la indigencia, accidentes, o bien, una sobredosis, todos llevan a un desenlace doloroso que es la muerte.

Si usted padece de esta enfermedad mi recomendación es tomarse una dosis fuerte de humildad, luego reflexionar y pedir ayuda. Si algún amigo cercano o familiar suyo consume drogas de forma desenfrenada, llame a todos sus seres queridos (especialmente a sus hijos) e intervéngalo, de preferencia con apoyo profesional.

Si eso no funciona es mejor dejarlo y alejarse del paciente, y ver la situación como una enfermedad para que le afecte lo menos posible y, sobre todo, perdone a la persona para no llevar en su vida odio.

Si por desgracia el rumbo de la situación llega al fatal final que antes mencioné, es importante que usted haga las paces con el esfuerzo que hizo en su momento por intentar rescatar a la persona, ahora, si no es el caso y su conciencia le dice que NO hizo lo suficiente para rescatar al adicto, entonces le recomiendo visitar un terapeuta.

Les comparto una entrevista que realicé hace algunos años a un médico psiquiatra especialista en salud mental y adicciones (Dr. Francisco Antonio Araniba), si quisieran ampliar sobre la temática pueden verla. El audio presenta ciertas interferencias, pero las respuestas del Dr. Araniba son muy asertivas).

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