Badi

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La otra tarde tuve que hablar con mi padre de un tema triste, una noticia familiar que no viene al caso mencionarla.

Decidí llevar a Ovidio (mi padre de 91 años) al parque Cuscatlán, y dicho sea de paso lo han remodelado muy bonito, accesible para adultos mayores y personas con discapacidad.

Fuimos a una cafetería y mientras intentaba dirimirle la noticia a Ovidio vimos a unos jóvenes que preparaban un set de fotografía publicitaria, para una marca de zapatos y ropa juvenil. Ovidio desde que los vio me preguntó ¿qué era eso?, y le expliqué que era una locación para un trabajo de fotografía profesional.

A los pocos segundos entendí su interés, recordé que él antes de graduarse de arquitecto fue fotógrafo retratista y publicitario. En aquella época la publicidad estaba en pañales en el país, estamos hablando de la década de los 60 (hace aproximadamente 60 años).

Con mesura me aproximé al equipo de producción y les pregunté si podíamos acercarnos a ver de cerca cómo trabajaban, explicándoles que Ovidio fue de los primeros fotógrafos publicitarios del país.

Badi, el director de la producción sin titubear me dijo que sí, y así lo hicimos. Luego el joven Badi se tomó el tiempo de darle una explicación detallada del proceso de producción, al final hasta unas platanitas le dieron a mi padre mientras muy interesado observaba el trabajo publicitario.

Una de las preguntas ingenuas pero válidas que me hicieron fue, ¿Dónde había estudiado fotografía Ovidio? Les expliqué que en esa época no existía tal carrera, ni nada parecido. Los trabajos de fotografía financiaron su carrera de arquitectura en la UES, siendo él fundador de esa escuela.

Por estar ellos ocupados en la producción ya no pude explicarles que en aquella época la fotografía era un oficio que se transmitía de generación en generación, es decir, mi abuelo Víctor fue de los primeros retratistas del país, su estudio se llamaba “Arte Fotográfico” y su negocio nació y creció cuando el presidente Maximiliano Hernández Martínez decretó que todas las cédulas de identidad deberían de llevar fotos a finales de la década de los 30.

Cuando sucedió esto mi abuelo Víctor Maximiliano y mi abuela Rosa Mélida tenían una botica en el municipio de Juayúa, Sonsonate. Entre tantas cosas que escuchaba cuando era pequeño, era que ellos preparaban bolas de alcanfor, jabón de cuche, esencias de opio y belladona, acido tánico, digitalis para las arritmias del corazón, así como capsulas de alfalfa, y otras de epazote con caulote para las dolencias del estómago.

En fin, para no hacerles larga la historia fue así que mis abuelos quienes también hacían espejos y tintes de ropa en la botica, vieron en unos figurines una oferta de la empresa Westinghouse, que consistían en que regalaban todo el equipo fotográfico a cambio de la compra posterior de los insumos para las producciones fotográficas, fue de esta manera que mis abuelos se hicieron fotógrafos emprendiendo ese negocio innovador, dejando de ser boticarios para ser expertos en la emulación de luz, y asentándose finalmente en San Salvador después de un largo periplo.

Todos estos recuerdos se me vinieron en estampida mientras veía como Ovidio observaba el trabajo de dirección de Badi, el joven productor de fotografía publicitaria de la actualidad, graduado de la Universidad Matías Delgado.

Si por meras casualidades del destino Badi lee estas líneas le agradezco mucho su fineza de tomarse el tiempo y permitir que mi papá pudiera participar un poco de su trabajo, significó tanto. Luego de esto tomé aire y le dije a Ovidio lo que le tenía que contar.

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